¿Has escuchado el término “la fiebre del oro”? ¿Sabes a que hace referencia? Seguramente la frase te traslada a las películas de Hollywood y sus historias de mineros de California, pero en verdad se denomina de tal manera a la época durante la cual se dieron los descubrimientos de oro en otros puntos geográficos además de Norteamérica, especialmente en Sudáfrica y en Australia. ¿Te animas a conocer más? Sigue leyendo.

Durante el siglo XIX el hombre logró grandes avances de ingeniería lo que mejoró las comunicaciones y el transporte, tanto como la búsqueda de oro. Esta realidad acarreó un gran desarrollo de las actividades extractivas; por una parte, gracias al uso de la tecnología, que hacía más fácil el hallazgo de nuevos yacimientos, y por la otra por la divulgación más expedita de las noticias de los descubrimientos y por las facilidades  de desplazamiento  que comenzaron a surgir. Esto hacía que quienes  querían aventurarse a encontrar oro se trasladaran a probar suerte ocasionando migraciones importantes de personas que según decían estaban afectados por la fiebre del oro.

Donde se descubría oro casi de inmediato comenzaban a llegar  cientos de individuos, algunos contratados por las explotaciones mineras, pero una gran mayoría lo hacían por cuenta propia buscando que un golpe de suerte les favoreciera.

Y entre unos y otros hicieron que el mercado del oro floreciera. Debe destacarse sin embargo que la magnitud de esta actividad ocasionó una devastación ambiental de importancia, no solo producto de la minería en si misma sino además por el poblamiento acelerado y poco planificado que atraía. Trajo también como consecuencia algo más, el desplazamiento e incluso en algunos casos la erradicación, de los pobladores originarios de los territorios donde se encontraba oro.

En el caso particular de la fiebre del oro de California hay estudios que indican que entre 1848 y 1855 se trasladaron hacia el oeste de los Estados Unidos más de 300.000 personas, cambiando por lo tanto el mapa de la distribución de la población del país en menos de 10 años. Sin embargo  así como la minería atraía gente y surgían pueblos con rapidez,  también eran abandonados en cuanto la mina se agotaba. Hoy en día pueden apreciarse algunas de estas ciudades fantasmas que quedaron dispersas en el territorio.

Una  situación similar a la descrita ocurrió  en otros lugares de la tierra e incluso mucho antes, tal es el caso de la fiebre del oro brasileña que tuvo lugar alrededor de 1600, afectando principalmente al territorio de lo que es hoy en día el estado de Minas Gerais.

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