La fiebre del oro de California.

En enero de 1848, James Wilson Marshall, descubrió oro mientras construía un aserradero cerca del Río Americano al noroeste de la actual Sacramento. El descubrimiento fue reportado por los periódicos de San Francisco en el mes de marzo, pero la mayoría de los lectores de la noticia no le otorgó mucha credibilidad.

La chispa que encendió la fiebre del oro ocurrió en mayo de 1848 cuando Sam Branann, un tendero que se encontraba en la cala de Sutter, blandió una botella llena de polvo de oro a la ve que gritaba ¡oro! ¡oro! ¡oro el el Río Americano! Los residentes de la ciudad tenían la prueba del descubrimiento y la estampida a la búsqueda de oro estaba en marcha. Primero los barcos del puerto de san Francisco fueron abandonados por sus tripulaciones, pero poco después cualquier puesto de trabajo era abandonado. Hasta dos periódicos de San Francisco tuvieron que cerrar sus puertas porque sus trabajadores fueron alcanzados por la fiebre del oro.

El New York Herald publicó la noticia del descubrimiento de oro en agosto de 1848, y fue este hecho lo que provocó una migración masiva de buscadores de oro provenientes del resto de estado Unidos pero también de América Latina, Asia, Europa Australia y Nueva Zelanda.

Para diciembre de 1849 la afluencia masiva de buscadores principalmente estadounidenses a California, que en ese momento se encontraba vinculado a Estados Unidos en calidad de territorio cedido como condición de paz tras la guerra mantenida entre México y Estados Unidos, provocó la inclusión de California como estado parte de Estados Unidos 1850.

El oro trajo una intensa actividad comercial de la que se convirtió en moneda de cambio el desarrollo de la agricultura a gran escala y la construcción del primer ferrocarril transcontinental de Estados Unidos. Pero sin embargo no todo fue positivo, la criminalidad aumento considerablemente, el deterioro del medio ambiente fue más que considerable y se promulgaron leyes xenófobas perjudiciales para la inmigración china y latinoamericana. Sin embargo en el imaginario popular la fiebre del oro quedó ya para siempre relacionada al “sueño californiano” el nuevo “sueño americano” que todos querían alcanzar.