Encontrar oro en nuestros días

Encontrar en el mundo un poco de oro se ha convertido a lo largo de la Historia en una obsesión para los humanos. Hacerse con este valiosísimo metal precioso era sinónimo de poder disponer de riqueza inmediata. Elemento químico de número 79, ubicado en el grupo 11 en la tabla periódica, el oro ha traído de cabeza a exploradores y aventureros, que incluso se dejaban la vida siguiendo su rastro.

En la actualidad ya no quedan mapas del tesoro como antaño para emprender una aventura. Las multinacionales han monopolizado prácticamente la obtención de este metal blando de reluciente color amarillo; la extracción de oro en los yacimientos mineros y en los cursos de ríos con potencialidad a llevar condimentos áureos son dos de las vías más frecuentadas hoy día para obtener este metal precioso.

Las investigaciones, los sondeos, las pruebas, las muestras, los análisis, las perforaciones o el tratamiento químico de los minerales son algunas de las premisas que en estos días preceden a la búsqueda del oro. Una vez que la zona ha sido catalogada como poseedora de oro, comienza la esforzada extracción.

Aún hay personas aisladas que se esfuerzan por llevar a cabo todos los estudios previos y por lanzarse a intentar lograr oro en el curso de algunos ríos, pero esta cruzada es una tarea harto difícil y tediosa en pleno siglo veintiuno. Lo primero que habría que hacer es disponer de una especie de sartén que habría que llenar con grava para sumergirle a continuación en el agua del río que sepamos que tiene oro; lo segundo sería agitar la sartén con destreza, serenidad y en distintas direcciones; a continuación, se quitaría la grava y las piedras más grandes y se sumergiría de nuevo la sartén de nuevo con cuidado; si se repite el proceso con delicadeza, el individuo podría acabar con suerte encontrando en el sedimento un poco de oro.