Es bien sabido que el oro es un bien que con pequeños altibajos y sobresaltos en algunos momentos, en general mantiene su valor.  De allí que en épocas de crisis, cuando los otros instrumentos financieros se tambalean todos volteen su mirada hacia el oro y naturalmente este aumente de precio. Esta es la causa por lo que muchos expertos se refieran a él como un bien de rentabilidad garantizada. Quienes no conocen mucho de este tema se formulan algunas interrogantes, entre ellas: ¿dónde  comprar oro de inversión? Y más específicamente ¿puedo comprar oro en un  banco?

Quiñes confían en la evolución ascendente del peso del oro dada su escasez y la diversidad de usos en la industria tecnológica en auge, confían en que la mejor idea para no perder su patrimonio es comprar lingotes y resguardarlos en una caja de seguridad. El único consejo que podemos darles al respecto es que presten mucha atención al lugar donde los adquieran cuidando que ofrezcan garantía de pureza.

En tiempos de crisis nunca faltan los que quieren sacar el máximo provecho y en el mercado de los metales nobles muchos se ven tentados a adquirir piezas de calidad inferior, derivadas de la compra de prendas de quienes buscan algo de dinero para pasar las vacas flacas, para fundirlas y elaborar lingotes de oro y satisfacer la demanda creciente de forma fraudulenta.

Es por ello que comprar lingotes de oro es una inversión segura siempre y cuando se elija un establecimiento reconocido por su seriedad. Lo ideal es realizar la adquisición en las empresas certificadas en la actividad, dado que en España aún no es posible comprarlos en los bancos. Estas entidades ofrecen garantía de pureza por lo que podrás estar seguro que  el precio pagado corresponde a la calidad comprada.

No existe una gran diferencia entre comprar oro de inversión o cualquier instrumento financiero en cuanto a las dudas que genera a la mayoría, por lo que lo más aconsejable es acudir a la figura de un asesor, ya sea en el banco o en una tienda de compra venta de oro que pueda orientarte sobre el precio del oro en el mercado.

Una vez que hayas aclarado todas las dudas y te sientas seguro de tu inversión solo queda acudir a una casa especializada en la venta de oro y pagar por el lingote o por las monedas de tu elección. La mayoría de los establecimientos dedicados a esta actividad también los compran dado el caso que necesites liquidez, con la ventaja que sus precios están actualizados permanentemente.

Si has entrado aquí es porque seguramente te interesa el mundo del oro y buscar recomendaciones sobre cómo y dónde comprarlo; pero puede que también te hayan atrapado los temas  que en torno al dorado metal desarrollamos. Pensando en incluir información interesante se nos ha ocurrido la siguiente pregunta: ¿Tenemos oro en el cuerpo humano? Y por supuesto que nos hemos puesto a investigar.

Lo primero que encontramos fue un artículo de la BBC sobre un trabajo publicado por la Sociedad Estadounidense de Química mediante el cual se determinó que en las deposiciones humanas se encuentran pequeñas cantidades de oro y de otros metales nobles como la plata y el platino. Aunque no era lo que esperábamos encontrar ni tampoco la información que más nos gustó, no podíamos taparnos los ojos ante la evidencia científica.

De hecho puestos a pensar en ello y porque además el propio estudio así lo concluía,  se nos ocurrieron al menos dos ventajas que podrían obtenerse si se ideaba un método práctico para extraerlas. La primera sería por supuesto de índole económica y la segunda acarrearía una disminución de los procesos de degradación ambiental derivados de la explotación de los yacimientos.

Hay oro en el cuerpo humano y en todo lo que nos rodea

 Esta afirmación puede que te sorprenda y que incluso hasta te parezca extremista, pero la verdad es que no solo hay oro en el cuerpo humano, sino además en muchos de los productos que utilizamos a diario. La industria de la limpieza corporal  y de la eliminación de olores, han incorporado nanopartículas de oro en sus productos puesto que han encontrado que actúan de manera muy efectiva en esta dirección. Esta es la razón por la que desde el  champú hasta la ropa con tecnología anti olor pueden presentar rastros del precioso metal.

Una alternativa amigable con el medio ambiente

Volviendo al estudio en análisis y en particular a la extracción de las partículas de oro presentes en las heces humanas, no deja de resultar interesante el planteamiento de los científicos respecto a los beneficios ambientales que supondría la separación de las partículas de metales preciosos contenidas en los lodos. De llegar a ser factible económica y técnicamente se estaría realizando el proceso  dentro de las plantas de tratamiento de aguas residuales, reduciendo así la extracción a cielo abierto de los minerales, pues según los cálculos del estudio antes citado por cada kilo de lodo se obtendrían 0,4 mg de oro además de cantidades significativas de plata (28 mg), cobre (638 mg) y vanadio (49 mg). Nada mal ¿verdad?..

¿Has escuchado el término “la fiebre del oro”? ¿Sabes a que hace referencia? Seguramente la frase te traslada a las películas de Hollywood y sus historias de mineros de California, pero en verdad se denomina de tal manera a la época durante la cual se dieron los descubrimientos de oro en otros puntos geográficos además de Norteamérica, especialmente en Sudáfrica y en Australia. ¿Te animas a conocer más? Sigue leyendo.

Durante el siglo XIX el hombre logró grandes avances de ingeniería lo que mejoró las comunicaciones y el transporte, tanto como la búsqueda de oro. Esta realidad acarreó un gran desarrollo de las actividades extractivas; por una parte, gracias al uso de la tecnología, que hacía más fácil el hallazgo de nuevos yacimientos, y por la otra por la divulgación más expedita de las noticias de los descubrimientos y por las facilidades  de desplazamiento  que comenzaron a surgir. Esto hacía que quienes  querían aventurarse a encontrar oro se trasladaran a probar suerte ocasionando migraciones importantes de personas que según decían estaban afectados por la fiebre del oro.

Donde se descubría oro casi de inmediato comenzaban a llegar  cientos de individuos, algunos contratados por las explotaciones mineras, pero una gran mayoría lo hacían por cuenta propia buscando que un golpe de suerte les favoreciera.

Y entre unos y otros hicieron que el mercado del oro floreciera. Debe destacarse sin embargo que la magnitud de esta actividad ocasionó una devastación ambiental de importancia, no solo producto de la minería en si misma sino además por el poblamiento acelerado y poco planificado que atraía. Trajo también como consecuencia algo más, el desplazamiento e incluso en algunos casos la erradicación, de los pobladores originarios de los territorios donde se encontraba oro.

En el caso particular de la fiebre del oro de California hay estudios que indican que entre 1848 y 1855 se trasladaron hacia el oeste de los Estados Unidos más de 300.000 personas, cambiando por lo tanto el mapa de la distribución de la población del país en menos de 10 años. Sin embargo  así como la minería atraía gente y surgían pueblos con rapidez,  también eran abandonados en cuanto la mina se agotaba. Hoy en día pueden apreciarse algunas de estas ciudades fantasmas que quedaron dispersas en el territorio.

Una  situación similar a la descrita ocurrió  en otros lugares de la tierra e incluso mucho antes, tal es el caso de la fiebre del oro brasileña que tuvo lugar alrededor de 1600, afectando principalmente al territorio de lo que es hoy en día el estado de Minas Gerais.

La simple idea de buscar oro en la naturaleza nos traslada a parajes lejanos como a China, Rusia o Sudáfrica, pero en realidad son muchos los países que cuentan con algo de este precioso metal y España se incluye entre ellos. Lastimosamente en nuestro territorio existen tan solo dos minas  en las que aún persisten las excavaciones para la obtención de oro,  ambas  está situadas en Asturias, concretamente en Boinás y Carles.

Tal situación no implica que se haya detenido la búsqueda de nuevas fuentes de oro en estado natural y es precisamente en Asturias, por su historia de riqueza  y en Galicia, donde se han enfocado estos esfuerzos. Aunque las investigaciones abiertas no desisten en su empeño para dar con el oro, han debido enfrentar los obstáculos de numerosas organizaciones ecologistas que pretenden con su accionar, evitar la degradación ambiental que acompaña a la actividad extractiva.

El precio del oro en el mercado impulsa los intereses de los gobiernos y de las empresas mineras por encontrar nuevas fuentes de oro, por lo que además de explorar el norte de España hay otros puntos dispersos por la geografía nacional.

La actividad de bateo, la forma más artesanal de conseguir oro, tiene lugar en algunos de los ríos de España situados al sur, especialmente en Granada y Lleida. Aunque no debe dejar de mencionarse Navegas, una localidad  en Asturias, donde anualmente en su afán por mantener vivas sus tradiciones, celebran una competencia para premiar al minero con mejor desempeño en este singular método de obtención de oro.

Otros lugares donde hay evidencia de la presencia de oro en estado bruto son León, Salamanca, Cáceres y Badajoz.

¿Dónde había oro en España en otros tiempos?

Si bien en la actualidad nuestro país no destaca por ocupar los primeros lugares en  extracción de oro ni en reservas conocidas, si tiene un pasado dorado de altísima relevancia. Su auge se dio durante el imperio romano y la actividad fue tan intensiva que llego al agotamiento de su potencial.

El mayor yacimiento a cielo abierto fue el de Las Médulas, donde en 200 años de operación se estima que extrajeron 5000 kilos del precioso metal. La técnica que utilizaron se conoce como Ruina Montium e implicaba la explosión de las montañas que albergaban el oro. El resultado es un paisaje singularmente hermoso, al punto  que ha sido declarado patrimonio de la humanidad y hoy en día es un destino turístico que atrae a todos aquellos que quieren conocer de cerca la explotación y ver con sus propios ojos la belleza del lugar.

Algo más cercano en el tiempo son las famosas minas de Almería que hasta mediados del siglo XX se mantuvieron activas.

El oro de inversión es el de 24 K, que es el de mayor grado de pureza, más sin embargo el brillo y la tonalidad del oro lo convierten en objeto de deseo para otros usos, el más conocido de ellos es la orfebrería. Una condición necesaria para ser trabajado por los joyeros es añadirle dureza y por ello se realizan aleaciones con distintos metales. Esto ha provocado una ventaja adicional y es la posibilidad de responder a los vaivenes de la moda al ser posible producir distintos tonos de oro. Veamos cuales son los más conocidos:

Oro blanco: es luego del oro dorado uno de las más populares y se logra mediante la aleación con el paladio, otro metal noble. Para maximizar el brillo algunos joyeros le aplican una capa final de rodio a la prenda, resultando en este caso bastante parecido al platino.  

Oro rosa: su belleza ha conquistado a más de uno, pues aunque con idéntico brillo que el oro amarillo se diferencia por el destello de  tonalidades rosáceas. Hay hermosos diseños de piezas de joyería fabricadas únicamente en este color y tambien en combinación con el blanco y el dorado. Se consigue mezclando el oro con el cobre, en una proporción cercana al 20% y añadiéndole un toque de plata.

Oro rojo: es el resultado del proceso de producción del oro rosado si no se le  añade nada de plata, es decir es una aleación tan solo de oro y cobre.

Oro amarillo: hace referencia a las piezas de oro de menor grado de pureza, en las que aun cuando el oro es el metal predominante se emplea algo de cobre y plata en su elaboración. Mantiene sin embargo la tonalidad dorada tan apetecida.

¿Es posible que surjan nuevos colores de oro? 

En la búsqueda constante por satisfacer las extravagancias de algunas de las tendencias actuales, los expertos en realizar aleaciones, han logrado producir oro verde y azul. Lo han conseguido mediante la combinación con otros metales distintos a la plata y al cobre, pues en este caso adicionalmente  a los mencionados, añaden hierro y cadmio.

Por ahora estos colores han entrado al mercado del oro para responder a las exigencias y necesidades de artistas plásticos que quieren incorporarlos en sus obras de arte. Por supuesto que estamos en presencia de un oro de menor pureza que la del oro de inversión, aunque si puede llegar a ser de 18 k.

Habrá que esperar para ver cómo responde el mercado ante estos nuevos tonos y si se volverán habituales en las vitrinas de las joyerías.

El color dorado del oro ha dado lugar a infinidad de leyendas, muestra de ello es la Leyenda del Dorado en el Amazonas, pero más recientemente se ha puesto de moda el oro de colores, rosa y blanco para ser más específicos y en cualquier joyería se pueden encontrar piezas en estas tonalidades

Si te ha picado la curiosidad y quieres saber a qué nos referimos cuando hablamos de oro blanco, a continuación te lo contamos.

Lo primero que debes saber es que el oro blanco y el rosado, son producto de la aleación del oro puro con otro metal. La meta es obtener  una pieza con idénticas características que el oro, es decir fácil de ser trabajada por los orfebres y con un brillo singularmente atractivo, pero adaptada a los nuevos gustos de los consumidores.

¿Qué metales componen el oro blanco?

En el caso específico del oro blanco la aleación suele hacerse con paladio e incluso en ocasiones se agrega algo de plata. La elección de estos materiales obedece a sus propiedades químicas, que son bastante semejantes a las del oro. Una de ellas es que para fundirlos se requieran más de 1000 grados de temperatura. El primer metal que se combinó para cambiar la tonalidad del oro fue el níquel, pero debido a que ocasionaba algunas reacciones alérgicas entre los usuarios de las prendas, dejo de utilizarse para estos fines.

Seguramente ya estarás en conocimiento que las prendas no se fabrican al 100% de oro puro, pues es necesario hacerlas más resistentes agregándoles algún otro metal. Justamente de allí proviene el término quilates, que no es más que la denominación de la proporción que en la fórmula de la aleación mantiene el oro. Por poner un ejemplo diremos que un anillo de oro blanco cuya inscripción indique 14 k, significará que la pieza está compuesta en un 60% por oro.

Algunos joyeros le añaden al oro blanco una capa de rodio, con lo cual dotan a la joya de un brillo particular.

El oro blanco se utiliza básicamente en orfebrería y está destinado a seguir los vaivenes de la moda y a satisfacer los gustos de los consumidores. Existen piezas realmente hermosas en oro de colores, incluso algunas mezclan las tres tonalidades para obtener joyas únicas que deleitan a quienes las admiran en las vitrinas de la joyería y aún más a quienes tienen la fortuna de llevarlas puestas. No olvides sin embargo  que cuando se trata de inversiones sigue reinando el oro puro.

Responder a esta pregunta supone primero saber exactamente cuál es el oro puro y de manera resumida puede decirse que es el de 24 quilates. Con este grado de pureza solamente se elaboran los lingotes de oro que son la forma asociada con el llamado oro de inversión.

Volviendo a la pregunta inicial, ¿cuál es la densidad del oro puro? repasamos nuestros estudios de química para recordar que es 19,32 gramos por centímetro cubico. Si pudiésemos hacer un ejercicio práctico para reconocer si estamos frente a una pieza de oro puro, la comprobación seria tomar un centímetro cubico de oro y pesarlo para validar si alcanza esta cifra.

Tal vez te sonaron un tanto extraños los 24 quilates y tienes razón porque las joyas que se expenden en las joyerías nunca alcanzan este nivel de pureza. La razón se encuentra en una de las propiedades naturales del oro, su maleabilidad, que si bien lo hace un metal fácil para trabajar la orfebrería, tambien hace que las piezas resulten frágiles. La solución ha sido mezclarlo con otros metales para darle dureza. El resultado es que los anillos, brazaletes, medallas y otras prendas se presentan usualmente en 18 o 14 quilates.

 ¿Te atreves a calcular la densidad del oro en casa?

Existe una forma para determinar la cantidad de oro puro que contiene  una joya, pero para ello debemos contar con una balanza de precisión, como la de los laboratorios de la clase de química o las que existen en las joyerías. Si tienes una en casa o al menos la facilidad de conseguirla tan solo tendrás que seguir los pasos siguientes:

Coloca la pieza de oro sobre la balanza para conocer su peso. Toma nota de la cifra y retírala

Coloca una taza sobre un  plato en la balanza y agrégale agua hasta alcanzar el borde.

Sumerge la pieza de oro dentro de la taza y retírala, notarás que necesitarás reponer agua en la taza puesto que parte de ella se habrá desbordado.

El peso en gramos del agua añadida corresponde al volumen en cm3 que la joya ocupó.

Divide el peso de la pieza entre el volumen de agua añadido  y listo, conocerás su densidad.

La belleza del oro ha sido admirada desde la antigüedad y por esta misma razón desde que el mundo es mundo hay quienes se han dedicado a crear imitaciones. Esto lleva a que el común de los mortales nos preguntemos ¿cómo saber si una prenda es realmente de oro? Aquí te damos algunos trucos fáciles de aplicar para obtener la ansiada respuesta.

¿Necesitas saber si estás frente a una joya de oro o si se trata de una imitación?

Cuando se trata de determinar con certeza si una joya es verdaderamente de oro, la opinión de un experto es insustituible. Ahora bien si en determinado momento no tienes acceso a ella, existen algunos métodos alternos que te permitirán averiguarlo por tus propios medios. Veamos de qué hablamos:

A ojo: no, no se trata de un mal chiste. Pese a lo que pueda creerse hay señales a simple vista que pueden ser un indicio inequívoco de estar frente a una imitación o al menos en presencia de una joya que no es de oro macizo. Generalmente estas evidencias se presentan en piezas que tan solo tienen un baño de oro en las que con el paso del tiempo es  observable  sin esfuerzo,  la pérdida del color característico de este metal, especialmente en las zonas de mayor exposición.

Marca visible: seguramente desde joven aprendiste a buscar la marca del oro al momento de comprar alguna prenda de joyería. A menos que la que te genere dudas   sea una pieza muy antigua, cualquiera de las joyas  indican mediante una diminuta inscripción los quilates que contiene. Generalmente se expresan como 18k o 14k.

Acercar un imán: esta prueba resulta infalible!! La razón estriba en que el oro no es atraído por el magnetismo, por lo que si la prenda en estudio si lo hace es una señal que se trata de otro metal al que se le ha dado una mano de oro.

Mediante la física: Una forma más confiable de determinar si se trata de una prenda de oro, es mediante el análisis de su densidad. Evidentemente esto supone contar con algunos implementos, como una probeta y echar mano de los conocimientos de física, puesto que deberás calcular la densidad. Si es realmente oro esta será de 19,3 gramos/cm3.

Si lo que te movió a realizar estas comprobaciones fue algo más que simple curiosidad y en realidad lo que estás buscando es ponerlas en venta, entonces te aconsejamos que visites algún establecimiento de confianza que se dedique a la compra y venta de oro,  donde un experto les hará un análisis de mayor precisión.

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